martes, 25 de octubre de 2011

Sonrisas, libros y niños




Después de meses sin actualizar, hoy voy a dedicar la entrada a mis niños del club de lectura, los que siguen y los que no, y a los dos viernes en los que ya nos hemos reunido los 17 que quedamos en la biblioteca de la planta baja del Colegio Helios.


En dos semanas he podido ver cómo les ha ido el verano, cómo han crecido, hemos hablado de los libros que hemos leído, hemos hecho algún pequeño juego, hemos cotilleado de cosas que no tienen que ver con los libros (en un club mayoritariamente de niñas de 10 y 11 años, ¡es inevitable!) y hemos vuelto a fortalecer el pequeño (o no tan pequeño) grupo que somos. Todavía me asombro al ver las sonrisas de los 16 semana tras semana, "perdiendo" horas de patio para juntarnos. Impresionante.

Este curso vamos a empezar leyendo a Rick Riordan. El autor de 47 años ya ha triunfado en nuestros clubs de lectura con la saga de Percy Jackson, en especial entre aquellos que ya pertenecemos al Club de Lectura de Ex Alumnos. En esta saga Riordan mezcla la mitología griega con las aventuras en un contexto actual. Altamente recomendable, y si alguien lo utiliza para algún club de lectura, también tiene una película (aunque según las críticas que he escuchado, casi mejor que no la hubieran hecho).

Nosotros no leeremos las aventuras de Percy, Annabeth y Grover, sino que vamos a empezar la nueva colección que Riordan comparte con otros autores: The 39 Clues. No, no vamos a leer en inglés, simplemente el título de la colección es este. Cada libro está escrito por un autor distinto, siendo el autor de El laberinto de huesos Rick Riordan. En estos libros vamos descubriendo las aventuras y contratiempos de Dan y Amy Cahill tras las pistas que heredan de su abuela Grace. Además, mientras leamos los libros podemos interactuar y participar en la búsqueda de las pistas en la página web de la serie.

Así pues, nos encontramos con un libro de aventuras e interactivo que espero que dé mucho juego. Yo ya me lo he leído, y al terminarlo, el primer pensamiento coherente fue: "¡Quiero más!". Espero que cause esta misma sensación en los chicos y chicas de mi club y que disfrutemos leyéndolo juntos. Conforme avancemos con la trama, iré haciendo la crítica de la historia, añadiendo algunos de los comentarios de los niños.


Este viernes volveremos a vernos, presentaré el autor y el libro y pasaré otros 45 minutos fantásticos con ellos, admirándoles por quitarse ese tiempo del patio para pasar tiempo juntos. ¿Quién mejor que mis niños para hacerme sonreír? =)

 Hoy os dejo una canción que me enseñó el otro día un amigo. Disfrutadla, y prometo volver pronto.


Where do we go, sweet child o' mine?

miércoles, 13 de julio de 2011

Lluvia


La lluvia repiquetea sobre el cristal. El sol, oculto tras las nubes, da un tono ocre a la imagen que se ve tras mi ventana. La lluvia cae sobre los árboles y va limpiando el aire cargado y sucio, dejando un olor fresco, limpio, natural, húmedo, agradable. Ese olor me llena, me recorre y me trae recuerdos. Tantas horas delante de la ventana, tantas horas sentada sobre esa mesa, observando la ciudad a mis pies. Tantas personas corriendo, y yo sentada, mirando al infinito, la lluvia cayendo, llenando el cristal de gotas que van formando dibujos, formas sinsentido que deforman la realidad que hay detrás del cristal. Y el olor. Ese olor relajante, ese olor que indica que la tierra se limpia, que nuestro mundo tiene su propio método de depuración. Esas nubes grises, con tantos tonos, imposibles de contar y representar, ese aire fresco y húmedo que entra por el resquicio abierto de la ventana, todo forma parte de ese fenómeno tan perfecto, tan especial y que llena mi mente, haciendo que cada vez que llueva sea un momento especial. Y así es. Y otro recuerdo llega a mi cabeza. Es otra casa, es otro lugar, un lugar en el que he estado mucho menos tiempo, pero tan especial como el anterior, si no más. Un lugar de mi infancia. Un apartamento. La playa. Las lluvias del verano en aquellas casas. La sensación de escuchar y ver la lluvia en el balcón. Las nubes sobre el mar. Y el olor. Siempre el olor. Y la sensación. Sensación de felicidad, de inocencia, de calma. La lluvia delante mío, cayendo sobre el mar, sobre el suelo, sobre la tierra, sobre las plantas. Todas las imagenes se juntan, todas las sensaciones, se unen en una sola, mezclando los distintos momentos que recuerdo, juntando las distintas etapas de mi vida. Y todo por ese olor. Todos los recuerdos, esas estampas, esas imagenes que tantas veces he visto, que han quedado marcadas en mi mente. Y la lluvia. La linda y suave lluvia llenándolo todo, haciendo que todo sea más puro, más limpio, más original. Y cierro los ojos. Y la suave brisa hace que mi pelo se mueva. Y el olor me llena. Y vuelvo a recordar. Y vuelvo a sonreír, como siempre, una vez más.




Llevaba esperando todo el día a que lloviera, y al final lo ha hecho. Y me ha inspirado. Estoy bastante feliz: salgo con mis amigos, trabajo, escribo, escucho música y no pienso demasiado en cualquier cosa que pueda impedir que siga de buen humor. No está mal, ¿eh?

El día 19 me dirán si entro o no en periodismo. Señores y señoras, aún queda una semana de sufrimiento. Informaré en cuanto sepa algo, aunque aquí no sé cuándo lo diré. Para información más inmediata, aquí.

No tengo mucho que decir, estoy feliz y es verano; hace demasiado calor y es de noche. Y como no hay nada interesante que contar, a parte de la habitual canción que pongo al final de cada entrada pondré otro relato breve breve que escribí otro día de lluvia, cuando todavía iba a clase.

En mi mesa de noche, todavía por empezar o apenas empezados, tengo: Emma (Jane Austen), El árbol de los Haikus, El Blues del Detective Inmortal (Andreu Martín) y, como relectura, Harry Potter and the Deathly Hallows (J.K.Rowling). Cuando empiece a leer ¡no voy a parar!





Lluvia, lágrimas del cielo, grito mudo de un mundo que está muriendo. Lluvia, tan real, tan mía, tan íntima. Reflejo de la realidad, rostro de mi corazón, tinta de mis palabras. Lluvia, limpia el aire, vacía el dolor, cae sobre la tierra y la llena de vida. Oh, lluvia, bálsamo de heridas, quejido de la tierra e inicio de una nueva vida. Lluvia, real, triste, húmeda, necesaria, amada y odiada. Oh lluvia, luz, color, frío y calidez todo a un mismo tiempo. Lluvia que caes sobre mi, que resbalas por mi rostro y limpias mi alma, lluvia que haces sentir y haces que el sol vuelva. Lluvia que creas el color, que haces que la luz brille. Lluvia. Tú que llenas mi corazón, brotas por mi alma y te materializas, tú eres ese líquido que da color al mundo, tú eres ese brillo que se detecta cuando menos lo esperas. Oh, lluvia, tú eres la calma, la verdadera felicidad, el nuevo comenzar y el motivo de cualquier vida. Sal, surge de nuevo, limpia este corazón herido, sana a esta tierra abandonada, haz que el sol vuelva a salir, haz que la luz vuelva a brillar sin toda esa mierda que llena el aire. Vuelve a crear los colores del mundo y una sonrisa del alma. Vuelve a caer y limpia, renueva ese cielo constante de tristeza y alegría, deja que vuelva el sol y vuelve a comenzar. Busca otro lugar y después vuelve a limpiar, para hacer olvidar, para dejarme perderme en ti. Lluvia, vuelve a caer, vuelve a brillar.

jueves, 16 de junio de 2011

Breakaway



Hace mucho tiempo, hablando con alguien, nos planteamos qué es la vida.

Una de nuestras teorías, es que la vida es un camino. Varios caminos, de hecho. La vida de cada uno de nosotros es un camino lleno de obstáculos, que no deja de cambiar, ahora sube, ahora baja, ahora parece fácil y ahora difícil. Ese camino a veces es estrecho, por él apenas cabes tú, y son esos momentos de la vida en los que andas solo, no hay nadie a tu alrededor. Sí, es cierto hay caminos cercanos, incluso caminos colindantes, los caminos transcurren juntos pero no mezclados. Esos son tus amigos. Cada uno tiene su camino, pueden ir juntos, cerca o lejos. Pero hay veces que el camino se ensancha, y ves que otro camino se junta con el tuyo. Esta vez, el camino está mezclado, no son dos caminos juntos, es un único camino ancho por el que andáis dos personas. Vuestros caminos pueden volver a separarse, que no bifurcarse, porque cada uno sabrá cuál es el suyo, pero puede que sigan juntos, o que en un futuro vuelvan a unirse. O no. Todo ese camino es la búsqueda de un fin, una meta en la vida que es ser feliz, vivir y aprovechar el tiempo. Y lo curioso es que, a veces, el fin de una de esas personas, esa razón por la que vivir feliz y aprovechar el tiempo, es estar con la otra persona. Y entonces, el camino ya no se separa, es un camino distinto, los obstáculos son diferentes, porque esas dos personas, cuyo fin es estar la una con la otra, están unidas, fusionadas, igual que su camino. Pero esto ocurre muy pocas veces. El camino, en general, está formado por muchas curvas que unen y separan caminos.

La otra teoría, es que la vida es una especie de casa. Nuestra vida es un pequeño edificio. Ese edificio tiene, básicamente, cuatro tipos de columnas. El primer tipo son las columnas de la familia. Son columnas fuertes y sólidas, que pueden ser más o menos numerosas, pero entre todas hacen que la casa pueda sostenerse, al menos al principio. Más tarde empiezan a aparecer otro tipo de columnas. Las columnas de la amistad, aunque la base es la misma, son muy diferentes. Las hay más gruesas y resistentes, aquellas que aguantarán un vendaval, otras más finas, frágiles, que aunque sirven de soporte, a la mínima se derrumbarán. También están las de un groso medio, que siempre están ahí, a no ser que pase algo muy muy muy gordo y no puedan aguantar la presión. Y así, las columnas de la amistad, tienen diversos grosores, no hay dos iguales, pero juntas sirven de apoyo para ese edificio que es tu vida. Cuando ya existen estos dos tipos, las columnas se distribuyen por toda la casa, a veces hay columnas juntas, o separadas, pero se sitúan de tal forma que, si una cae, el resto podrá sostener el peso que acarreaba esa columna.
Bueno, me he dejado una columna muy especial. La columna personal. Esa columna eres tú, estás en el centro de la estancia, soportas el techo, la vida, siempre apoyada por las demás. Esta es la columna más importante, la más gruesa, la más fuerte y  resistente, la única que, en caso de derrumbarse tooooodas las otras columnas seguiría en pie. Es la fuerza personal y la capacidad de vivir. Eres tú, sin más. Pero esta columna corre el riesgo de agrietarse, teniendo que ayudarse en las demás para sostener el techo. Ese riesgo aparece junto al cuarto tipo de columna. Es una columna bella, hermosa, está decorada, tiene relieves y formas que sólo un artista es capaz de crear. Es la columna del amor. Esa columna se construye muy cerca de la columna personal. Es perfecta, hermosa, parece que ella sola aguante todo el peso de la construcción. Pero en realidad es sólo una columna fina. Sí, es muy hermosa, pero es una columna decorativa. No hay que quitarle valor, sí que sostiene peso en algunas situaciones, y en muchas ocasiones es el apoyo que necesita tu casa, tu vida, pero no hay que cegarse por su belleza. Es sólo una columna, y no es la más resistente tampoco. Si esa columna cae, la columna centrar tal vez se agriete, porque los trozos de columna rotos serán afilados y se clavarán, causando grietas. Pero, si la columna cae, nunca hay que olvidar a las otras columnas. En ese momento, es cuando más necesarias son. Se redistribuyen, a tu alrededor, en círculos concéntricos abarcando toda la casa y sosteniendo toda la presión que sostenía la columna bella y parte de la presión que sostiene la columna central, para que pueda arreglar sus grietas.
También es cierto que la columna bella, simplemente, no fuera tan bella, o que la capa de yeso que la recubría, aquella capa que la hacía tan hermosa, desaparezca, y deje ver la esencia de la columna, esa belleza tan especial que poseen las columnas de la amistad. Evidentemente, si eso ocurre, la columna pasará, durante un tiempo, a los extremos de la casa, lejos de la columna central, pero dentro de la casa, por si es necesaria, y poco a poco volverá a situarse conforme la situación lo necesite, como hacen el resto de las columnas.

Siempre me gustaron esas teorías, en especial la de las columnas.



I'll spread my wings
And I'll learn how to fly